Accatone (Pier Paolo Pasolini, 1961)

 



Accatone (Franco Citti) forma parte de un grupo de jóvenes que no trabajan y están todos los días sentados en la puerta del bar sin pensar en el futuro. Así planteado, la película parece una versión de I Vitelloni (1953) de Federico Fellini. Pero a diferencia de la luminosidad de Fellini (donde el grupo podía ser tildado de bohemio) en Pasolini, el grupo oculta actividades dudosas para sobrevivir en una Italia que todavía amontona los escombros de la posguerra en las calles.











Desde el inicio, Pasolini filma a Accatone como un mártir (la escena del peligroso clavado en el río), un Cristo suburbano, hijo de la Segunda Guerra, que atraviesa los días intentado conseguir aquello que le fue birlado pero que jamás conoció. Y esa búsqueda a ciegas (que intuye como la felicidad y todo lo que viene con ella) lo hace tropezar con el delito y la rapiña aun sin quererlo. 





Accatone es el Mesías de los tiempos de la Posguerra, donde los hombres sobreviven explotados por trabajos mal pagos, juntando basura de las calles o, como Accatone, delinquiendo. En ese mundo, la mujer es víctima del macho humillado que descarga su frustración golpeándola, explotándola y denigrándola porque nada en la sociedad le ofrece dignidad. Accatone, sin embargo, no recurre a la violencia: tiene la habilidad de lograr que las mujeres con las cuales se relaciona íntimamente terminen prostituyéndose para él, algo que lo perturba cuando encuentra una mujer a quien amar.




Si bien se le puede objetar cierta redundancia en las situaciones (Pasolini nunca se destacó por la fluidez en sus películas), Accatone tal vez sea la gran película del director, libre de cualquier peso artístico (en su película posterior (Mamma Roma) tendría a Anna Magnani como actriz principal, algo que desentona en la película) o de su propia persona como un director/personaje provocador obligado a elevar la apuesta en cada realización. 

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