Miss Mary (María Luisa Bemberg, 1986)

 

En 1945, en los albores del 17 de octubre, Miss Mary (Julie Christie) recuerda sus días como institutriz de una familia ganadera. La película avanza en un ida y vuelta temporal que le va a dando cuerpo tanto al presente de Miss Mary (que vive en un departamento donde da clases de inglés) y a su pasado como institutriz donde fue testigo de las costumbres de la familia encabezada por Alfredo (Tato Pavlovsky) y Mecha (Nacha Guevara),










Desde el comienzo de la película, Mecha se siente amenazada por algo que no puede definir (le dice a las hijas que miren debajo de cama, sale a hurgar en los jardines por la noche, se siente desprotegida). Bemberg, al final de la película, le da cuerpo a esa amenaza y la define como peronismo. Para Bemberg, el peronismo era algo ominoso que ese 1945 tomó forma y cuerpo. En un pasaje de la película, Alfredo afirma que si Argentina no hubiera echado a los ingleses hoy seríamos orgullosamente una colonia británica y no tendrían el desconcertante problema de Perón. El desconcierto está explicitado en Miss Mary, además de ser la confirmación de ese pensamiento: su partida coincide con la llegada del peronismo y con esa partida la imposibilidad de civilizarnos. Miss Mary es a la película lo que intenta ser para la familia: una postura ética, moral y política. 




Justamente, al estar encorsetado por esa representación, el personaje de Miss Mary  transita la película sin mucho espíritu ni cuerpo. De hecho, lo que motiva el alejamiento de Miss Mary de la familia se puede anticipar por los diálogos, pero no por las imágenes. Y cuando ocurre, no sorprende que suceda pero uno se pregunta qué es lo empujó a Miss Mary a llevarlo a cabo cuando nada en la película (ni en ella) lo justificaba. De hecho, Miss Mary puede no estar en la película, y la película igual funcionaría... pero sin su postura política.



A pesar de esto, Miss Mary es atendible por su ritmo interno, lo atractivo del resto de los personajes (en especial el personaje de Perla (Luisina Brando) y el de Ernesto (Gerardo Romano), el contraste entre el campo y el asfixiante interior de la mansión, y por su puntilloso retrato de la clase social que ¿dominaba? el país antes del hecho maldito del país burgués.

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