Close encounters of the third Kind (Steven Spielberg, 1977)
El fenómeno OVNI tuvo su epítome durante la década del setenta con visiones de platos voladores por todo el planeta. Spielberg, ni lento ni perezoso, vió el filón para explotar y se largó a filmar la historia de Roy Neary (Richard Dreyfuss), el empleado de una empresa de electricidad que es llamado de emergencia por un apagón que sufre el pequeño pueblo donde vive con su mujer (Teri Garr) y sus tres hijos. Rumbo a los lugares del apagón se topa con unas luces en el cielo mientras todo a su alrededor es un caos. El caso es que esas luces serán OVNIS que podrían anticipar un contacto ya que hay una serie de eventos sorprendentes (barcos encallados en el desierto, apariciones de aviones desaparecidos durante la Segunda Guerra Mundial, una melodía llegada del cielo que repiten a coro en la India) rastreados por el investigador Lacombe (Francois Truffaut) y que parecen relacionarse con lo ocurrido en el pueblo. En tanto, una madre (Melinda Dillon), no puede evitar el secuestro de su hijo por parte de los extraterrestres y estará tras una pista que le llegará de manera inesperada. Estos tres personajes confluirán en un paraje donde una base científica espera que un contacto del tercer tipo con los extraterrestres.
La maestría de Spielberg no da respiro. Close encounters of the third Kind es una maquinaria narrativa perfecta que explota el temor a lo desconocido con un fuera de campo amenazador (que anticipa la inquietud de Poltergeist), retrata una crisis matrimonial desde lo más descarnado (la devastadora secuencia de la bañera) y, como si fuera poco, homenajes a Hitchcock como la escena del secuestro del niño -que remite a The Birds (1963)- o donde Neary y la madre del niño secuestrado huyen de los militares por la Montaña del Diablo que rememora la huida por el monte Rushmore en North by Northwest (1959). Irónicamente, la película pierde fuerza en el momento más esperado tanto por los personajes como por el espectador. Hay una espectacularidad en el encuentro que se lleva a las patadas con el tono seco construido hasta ese momento a pesar de que se buscó la belleza en el diseño de las naves. Tampoco ayuda la puesta en escena de la aparición de los extraterrestres que parece sacada de un acto de colegio primario.
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