Notorius (Alfred Hitchcock, 1946)
Notable película de Hitchock donde la historia de espías es la excusa para punzar los nervios de una relación donde una de las partes de la pareja (Devlin, Cary Grant) duda de los sentimientos de la otra (Alicia Huberman, Ingrid Bergman) quien se ve obligada a relacionarse con un antiguo pretendiente (Sebastian, Claude Rains) mientras la madre de Sebastian (Leopoldine Konstantine) desconfía de las intenciones de la mujer.
La relación entre los personajes es tan poderosa que poco importa que estemos ante una película de espías (que además es un excelente entretenimiento) donde se tiene que averiguar qué es lo que se traen entre manos un grupo de alemanes que se adivinan nazis. Lo importante en Notorius (y lo que la hace eterna) es ese juego retorcido cuya única víctima es una mujer presionada a seguir con su vida antigua para no arruinar el trabajo de su nueva pareja. Lo inquietante es que la presión proviene de Devlin quien aprovecha la misión de espionaje para probar la fidelidad de Alicia al punto de dejarla con la vida en peligro. Sin lugar a dudas, Devlin es bastante más peligroso que Sebastian, cuya maldad es inversamente proporcional a la dependencia que tiene con su madre (y que anticipa el Norman Bates de Psycho).
Como en toda película de Hitchcock, los personajes están llenos de matices que se pueden advertir en sus gestos o desde la puesta en escena (la inquietante nuca de Cary Grant que Hitchock persigue con su cámara, el fulgor de Ingrid Bergman desde la fotografía, la asfixiante relación de Claude Rains con su madre en esa inmensa mansión llena de sombras) mientras la película avanza en un espiral donde las mentiras van corroyendo tanto las relaciones como la salud de la protagonista.
En resumen, un tour de force de celos y perversión en otra inoxidable e inmensa película de Hitchcock.
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