Ran (Akira Kurosawa, 1985)

 















En los '80, la espectacularidad ganó terreno en la obra de Kurosawa al tiempo que sus guiones se reblandecían un poco.








Ran es tal vez el punto de equilibrio entre esa espectacularidad poderosa y un guión compacto, aunque un tanto didáctico, no exento de crueldad con una malvada sin escrúpulos para la venganza y un rey en decadencia que se ve despojado de su investidura, respeto y aura gracias a una mala decisión.




El Amo Hidetora Ichimonji (Tatsuya Nakadai) decide, tras un mal sueño, dividir su reino en vida a sus tres hijos: Taro (Akira Terao), Jiro (Jinpachi Nezu) y Saburo (Daisuke Ryu). Saburo será quien se oponga a la desafortunada decisión de su padre y por ello será desterrado lejos del Reino. Mientras, los dos hermanos comienzan a celarse y conjurarse siempre tirados de los hilos que maneja Kaede (Mieko Harada) quien se quedará con el vencedor de la traición. En tanto, Hidetora será a su vez traicionado por sus hijos y vagará por las estepas enloquecido por el maltrato recibido. Enterado de esto, Saburo regresará en busca de su padre para recuperar el esplendor de la casa Hidetora con resultados tan irónicos como trágicos.


La potencia visual de las batallas es, sin lugar a dudas, el principal atractivo de la película. Kurosawa aprovecha muy bien los espacios abiertos en contraposición con los primeros planos de Hidetora enloqueciendo al descubrir la traición de sus hijos. Esa tensión entre planos generales con primeros planos, desembocan en un bellísimo plano final con la imagen del Buda, dando a entender que la naturaleza persiste por sobre la estupidez humana.



Ran será la última película espectacular de Kurosawa. Tras esta, acometerá tres realizaciones más donde recuperará el tono intimista, reflexivo y de despedida que casi lo emparentará con algunos momentos de los inicios de su filmografía. 

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