Tenku no shiro Rapyuta (Hayao Miyazaki, 1986)












Sheeta carga con una piedra de incalculable valor y por ello es perseguida tanto por piratas todo terreno como por Muska, un potentado que anhela la piedra para dominar una mítica isla deshabitada que vaga  por el cielo llamada Laputa. Sheeta será ayudada por Pazu, un huérfano cuyo padre vio la isla y luego pereció en un accidente, tanto para escapar del secuestro de Muska como para .concretar una misión que ella jamás imaginó llevar a cabo. 


De ahí en más, Miyazaki arma una película de persecuciones donde los malos no son tanto como parecen y los muy malos son peores. Pero a diferencia de Rupan Sansei: Kariosutoro no shiro (1979) (donde la acción es imparable), aquí se nota que Miyazaki se propone hacer algo menos ligero y estira o repite situaciones como si pretendiera llegar a una cantidad de minutos respetable. Lo logra, pero a riesgo de por momentos frenar el relato (el encuentro con el tío de Panzu, por ejemplo), o la interminable secuencia de la conquista de la isla Laputa (aunque esto es compensado por la melancolía que desprenden los robots abandonados en la isla que por lejos es lo memorable de la película).


Pero lo que sorprende en esta película es el apunte que hace Miyazaki sobre la sumisión al poder. Escondido detrás de explosiones y piratas estrambóticos, Miyazaki señala los hilos que puede manejar el Poder económico para conveniencia propia. en este caso el ejército. Muska se vale tanto de una organización estatal como de una parapolicial para perseguir a Sheeta y Panzu; y Miyazaki no duda en señalar al ejército como un grupo de corruptos que pueden matar por dinero. Este apunte Miyazaki lo explicita en el final durante el marco de un castigo casi bíblico.



Película irregular pero sin dejar de ser interesante, aún es un Miyazaki que termina por cubrir las expectativas.


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