Il futuro é donna (Marco Ferreri, 1984)
Desde mediados de los 60, Ferreri venía narrando el fin del macho a manos de una debilidad apenas simulada por la brutalidad de sus movimientos y gestos. Como contrapartida, la mujer será la que sobreviva en un mundo donde el macho ya perdió la batalla contra él mismo.
Gordon (Niels Arestrup) es apenas un juguete de sus aspiraciones masculinas (un trío con dos mujeres, ser el líder de un grupo, enfrentarse a golpes) que tiene como compañera Anna (Hanna Schygulla), alguien que le sigue la corriente en esa inmadurez sin fin para alimentar el fuego de la relación. Sin embargo, Anna comienza con una madurez impensada en el momento que aparece Malvina (Ornella Mutti), una muchacha embarazada a quien rescata de una probable golpiza por parte de una patota. Malvina despierta en Anna un sentido de la maternidad que hasta ese momento jamás había aparecido en la relación con Gordon. Mientras Gordon ve en Malvina únicamente la posibilidad de un trío con Anna para ser aplaudido/envidiado por su grupo de pares, entre ellas dos crece un vínculo que lentamente va a ir apartando a Gordon hasta hacerle perder su rol de macho y reducirlo a una niñez insegura y endeble que precipitará su final.
Pelicula de múltiples lecturas y ácidos comentarios sobre la masculinidad (aunque también tiene una mirada crítica sobre la mujer y sus vaivenes temperamentales que el hombre parece no ser capaz de soportar y/o comprender), Il futuro é donna mantiene su provocación intacta, sin necesidad de bajar línea para exponer una cuestión irresoluble como es la relación hombre-mujer/macho-hembra (algo que Luis Buñuel también intentó en su obra maestra de 1977 Cet obscur objet du désir). Il futuro é donna es lo más explícito que Ferreri filmó en cuanto a su idea. Una película que no ha envejecido en absoluto y todavía tiene mucha cuerda para dar.
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