Aquarius (Kieber Mendonca Filho, 2016)
La película abre con una reunión familiar, en los años '80, en un departamento donde se celebra el cumpleaños de una mujer que llegó a los sesenta manteniendo cierto entusiasmo y sentido de la honestidad juvenil. Una de sus hijas, Clara (Sonia Braga, en la adultez) será la que se quede a vivir en ese lugar -que es parte de un complejo de departamentos anhelado por un grupo inmobiliario para construir un rascacielo- y es la única habitante del complejo ya que se niega a vender su departamento. Antes la imposibilidad de convencerla por las buenas, Clara pasará a hacer una molestia para el grupo inmobiliario que intentará por todos los medios obligarla a vender con la complicidad de varios entre las sombras.
Aquarius parece inofensiva pero a medida que Clara mantiene en su postura, la incomodidad por su seguridad comienza a ser real y a funcionar como chantaje. Tras el violento encontronazo con los antiguos habitantes del complejo que no pueden concretar la transacción porque ella aun vive en el lugar, los hijos de Clara le insisten en vender porque consideran una estupidez peligrosa que ella se quede sola en ese lugar prácticamente deshabitado. Sin embargo para Clara hay una determinación firme que no piensa abandonar, aún a riesgo de su vida.
Sonia Braga se carga la película al hombro y lo hace de manera precisa, todavía desplegando cierta sensualidad que Kieber Mendonca Filho aprovecha en el provocador momento con el taxi boy donde la vulnerabilidad de Clara se muestra de manera física. Porque Clara -otrora una intelectual reconocida- ve cómo se degradó la sociedad, la cultura y el sentido común para dejar paso al individualismo (el reportaje que le hacen dos periodistas tienen varios apuntes interesantes sobre esto) para transformar el mundo en una jungla donde todos tienen que estar alertas ante cualquier ataque del prójimo.
Lo que se podría objetar de la película es su duración (más de dos horas y media) porque en algunos momentos hay repeticiones innecesarias que podrían obviarse y no modificarian en nada lo que se está narrando. Pero estas carencias son compensadas por un guión que sabe hacia dónde quiere ir y llega a resultados satisfactorios y estimulantes.
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