Legally Blonde (Robert Luketic, 2001)

 



Legally Blonde podría haber sido una película de tantas en los años '80, con la universidad como telón de fondo para adolescentes aventuras. Sin emhargo, es una película del nuevo siglo pero sin la gracia de aquellas películas ni de aquella década.







Elle Woods (Reese Whiterspoon) -una joven rica cuya pasión es la moda, los peinados y la revista Cosmpolitan- será abandonada por su novio Warner (Matthew Davis) porque no puede permitirse tener una novia tan superficial como ella cuando pudo lograr el ingreso a Harvard para estudiar abogacía.  Para demostrarle que ser superficial no quita lo inteligente, Elle también se anotará en Harvard a estudiar Leyes. Apenas ingrese, sus aptitudes la harán sumarse a un estudio de abogados y convertirse en una estrella de las leyes gracias a la resolución de un caso que tiene como sospechosa a Brooke Taylor Windham (Ali Larter) una famosa modelo de la cual Elle conoce vida y obra.



Todos los lugares comunes esperables se acumulan en esta película. Si bien al emprender el desafío de quedar en Harvard, la película construye el mérito de Elle a partir de su entusiasmo y su capacidad para estudiar, esta cualidad se deja de lado para dejar paso a los logros por pura suerte o casualidad. Esto no deja muy en claro la mirada que tiene la película sobre Elle. Por momentos, la película parece prejuiciosa tanto con Elle como con sus amigas. En esta confusión, Elle también estaría llevando una cruzada para desmentir el prejuicio que la misma película tiene sobre ella y su entorno.



Pero despejar esa duda tampoco agrega méritos. Solamente la simpatía de Reese Whiterspoon salva del naufragio a esta realización que no sale de la medianía por una dirección chata que ni siquiera se juega por el disloque para evitar convertirse en una comedia desabrida.









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