Un eroe dei nostri tempi (Mario Monicelli, 1955)




Alberto Menichetti (Alberto Sordi) es un tipo ventajero pero al mismo tiempo temeroso de los malentendidos con la justicia aunque Alberto, en el fondo, es un traidor. Vive con su tía Giovanna (Lina Bonivento) y Clotilde (Tina Pica), una empleada de su tìa, lo tiene como protegido Vedova (Franca Valeri) su jefa de personal y se interesa en Marcella (Giovanna Ralli), una peluquera que abandonará la minoría de edad pronto. Alberto anota todos sus movimiento en una libreta por las dudas que la policía le pregunte sus acciones y ese tinglado comenzará a tambalearse cuando acepte calzarse un sombrero cuyo modelo no satisface las expectativas del dueño de la fábrica en donde trabaja (Alberto Lattuada) y los problemas empiecen a multiplicarse hasta terminar en la comisaría.


Mario Monicelli (1915-2010) le impone a la pelìcula un ritmo intenso que por momentos impide el disfrute de la concatenación de sucesos ya sea porque pisa el acelerador sin tocar el freno ni un segundo (algo que hubiera venido bien en algunos pasajes, como por ejemplo, el momento en la playa con Marcella) o porque Sordi avasalla con su presencia en cada escena y relega a un segundo plano a sus compañeros  (Franca Valeri, por ejemplo).


No obstante, el guión es notable por su mordaz mirada sobre el ciudadano medio que pretende sacar tajada a partir de su cobardía pero que al mismo tiempo no tiene empacho en entregar a sus compañeros. Las sutilezas se van acumulando para luego recogerlas en un cierre preciso y, en algún punto, Monicelli anticipa ciertos temas que luego trataría en esa obra maestra que es I Compagni (1963).

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