100 dinge (Florian David Fitz, 2018)
Anton (Matthias Schweighofer)- un pulcro comprador compulsivo- y Paul (Florian David Fitz) -un programador algo desordenado- tienen una empresa de teconología yvan a presentarle a un magnate de la redes sociales una aplicación que, además de organizarle la vida a las personas, logra relacionarse con ellas. La aplicación es aceptada y durante la celebración por el contrato ambos socios jugarán una apuesta delante de sus empleados que consiste en lograr vivir únicamente con 100 cosas. El que pierda la apuesta le dejará las acciones de la empresa a los empleados. Es así como ambos, al otro día, despertarán desnudos, en un departamento vaciado mientras dos empleados pautan las reglas del juego mencionando que se les entregará un objeto por día hasta llegar a las 100.
Con un comienzo interesante (una enumeración de los objetos que cada generación alemana necesitó para vivir), la película de Florian David Fitz (1974) se perfila como una mirada crítica a la sociedad de consumo pero termina por achatarse hasta terminar siendo una película cuasi religiosa donde el consumo es bueno mientras sea moderado y se encuentre una pareja para equilibrarlo. En definitiva, a mirada se vuelve conservadora.
Pero lo peor es su doble vara: en la película hay una burla a los dueños de las redes sociales tipo Mark Zuckerberg y a su imagen de roba-ideas. Sin embargo, 100 dinge tiene una estética estadounidense (de hecho, Florian David Fitz tiene un parecido a Ben Affleck) que le quita el arraigo que el comienzo insinuaba y que deja en evidencia la intención de querer ganar el mercado que parece cuestionar.






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