3-4 x jugatsu (Takeshi Kitano, 1990)

 



Masaki (Yurei Yanagi) es un joven que tiene problemas para el béisbol y para la vida en general. Para zafar de los partidos, se encierra por un largo tiempo en el baño de la cancha donde juegan. De golpe, un mafioso yakuza se detiene en la estación de servicio donde trabaja, lo maltrata y él decide defenderse. Esto le trae consecuencias a él y al dueño de la estación de servicio, consecuencias que el tío intentará apaciguar ya que es miembro de la mafia. No lo logra y el chico parte con su amigo a buscar armas con un contacto que tiene el tío en otra ciudad. El contacto es un mafioso guarro, Uehara (Takeshi Kitano), que ya tiene bastante problemas con su propio clan y el clan con él. Los muchachos convivirán un tiempo con el mafioso hasta que aparecen las armas y todo estallará por los aires.

Después de describir la violencia policial en su ópera prima Sono otoko, kyobo ni tsuki (1989), Takeshi Kitano (1947) decide describir la violencia mafiosa otra vez poniendo el cuerpo para un personaje inmoral. Sin embargo, a diferencia de su ópera prima, esta vez elige un tono casi de comedia negra, por momentos muy densa, donde Uehara funciona tanto como una irresistible atracción para los muchachos como un ser repugnante (la incómoda y bien lograda escena de la violación a su secuaz). Pero como si esa violencia fuera más intolerable que la policial de su ópera prima, en el final Kitano da un volantazo extraordinario y reacomoda algunas situaciones que si bien no eran notorias, al nuevo planteo tienem su lógica.







Más allá de lo argumental, en esta segunda película Kitano decide cambiar desde lo formal y usar el montaje para realizar comentarios o remates de situaciones, como si de una película muda se tratara. Esos cortes abruptos como tajos que se transformarán en una marca registrada en todas sus películas por venir.

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