Punch-drunk love (Paul Thomas Anderson, 2002)
Barry (Adam Sandler) es el dueño de una empresa de plásticos con problemas para acercarse sentimentalmente a cualquier mujer. Tras percatarse de un error en una promoción de viajes de un producto alimenticio, aprovecha el desliz para ganar millas invirtiendo poco dinero. Mientras, aparece de la nada Lena (Emily Watson) quién le deja las llaves del auto para que le entregue el vehìculo al taller que está al lado del negocio de Barry. Lena termina siendo amiga de una de las siete hermanas de Sandler y por eso vuelven a encontrarse, pero el encuentro no termina bien. Después de mucho meditarlo, Barry decide dar el paso para relacionarse con Lena.
Película incómoda por el corset que Paul Thomas Anderson (1970) decide ajustar desde un guión que no deja respirar a sus personajes a pesar de algunos momentos donde Adam Sandler logra escabullirse de ese monolito que es su personajes y Emily Watson va por otro lado, rastreando un sentimiento que se hace difícil comprender detrás de su mirada inteligente y madura.
Punch-drunk love naufraga porque se queda a mitad de camino del drama: Barry es tan violento como el Travis Brickle de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) pero Paul Thomas Anderson no se hace cargo y para disimular lo denso de contar el romance entre un violento y una mujer muy bien plantada introduce algunas situaciones cómicas (en especial con la presencia del gran Luis Guzmán) y un par de gags efectivos gracias a Sandler.
Lena. jamás puede demostrar pasión, amor o simpatía por Barry. Es casi un personaje vacío que solamente pareciera tener entidad si Barry está al lado. Es decir, Lena siente atracción por Barry porque el guión lo manda. Y como esto es insuficiente para una película de relaciones amorosas, Anderson mete una subtrama relacionada con el uso que hace Barry de una Línea para adultos que termina en chantaje y que sólo se justifica para que aparezca Phillip Seymour Hoffman, estalle, mida su intensidad con Sandler y ponga algo de ritmo en el tono monocorde del relato.
En definitiva, una película desabrida, algo machista y sobrevalorada de Paul Thomas Anderson.







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