Zivot je cudo (Emir Kusturica, 2004)

 




Luka (Slavko Stimac), es un encargado de una estación de tren que tiene una esposa depresiva, Jadranka (Vesna Trivalic) y un hijo que planea ser ídolo de fútbol, Milos (Vus Kostic). La guerra entre Bosnia-Herzegovina y Croacia le quitará a Jadranka (que lo abandonará por un músico) y Milos (que irá al frente para luego ser tomado prisionero). Un cartero tomará prisionera a Sabaha (Natasa Tapsukovic), una enfermera enamorada de Luka,  para que el encargado de la estación de tren la cambie como prisionera de guerra por su Milos. Sin embargo, también Luka terminará enamorado de Jadranka y dudará de cumplir el plan.


Emir Kusturica (1954) vuelve a narrar la guerra de los Balcanes con su estilo enérgico y nervioso pero la historia pide a gritos un poco de calma para procesar la intimidad de los personajes. El problema es que Kusturica ya viene con un estilo incluido sin importar el tema o el argumento y tanto Luka como su esposa es alguien reposado, sin estridencias, melancólico y su esposa lo mismo; Milos es el único que puede comulgar con el tono que Kusturica le impone al argumento.










Después de todo, nadie tiene apuro (salvo Kusturica) de apurar los hechos. Pero los personajes son arrastrados por la vorágine Kusturica al punto que la relación entre el Luka y Sabaha tiene una cocción rápida, casi de fórmula, y pierde la fuerza aromática que debería tener para justificar un final que tiene romanticismo pero que no llega a conmocionar porque el montaje no pone el freno. (Y cuando lo pone en el plano, tiene que haber un bombardeo para sacudir el decorado).

Zivot je cudo, parece poner en crisis el estilo Kusturica. Para colmo, se extraña las melodías de Goran Bregovic. 

Una realización irregular.

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