Yo, la peor de todas (María Luisa Bemberg, 1990)
Sor Juana Inés de la Cruz (Assumpta Serna) es la niña mimada de un convento mexicano gracias a sus virtudes como poeta y a su mirada provocadora acerca de un rol más presente de la mujer en la sociedad del siglo XVII. Además, es protegida de la esposa del virrey (Dominique Sanda) quien resguarda a Sor Juana de las garras del Arzobispo (Lautaro Murúa) quién insiste que la monja sea castigada por herejía. Sin embargo, el Virrey (Héctor Alterio) es removido de su cargo y Sor Juana queda sin protección y a merced del Arzobispo.
María Luisa Bemberg (1922-1995) filma la historia de Sor Juana en viñetas demasiada pulcras, con diálogos impostados -salvados, en especial, por el talento de Lautaro Murúa- y con una estética marmórea que sepulta a los personajes bajo el peso de una solemnidad que los vuelve unidimensionales.
Incluso Assumpta Serna no puede sacarse este corset estético ni siquiera cuando se sugiere una relación algo más que fraternal entre Sor Juana y la esposa del virrey. Su Sor Juana parece a un disfraz por más que Serna intente trasmitir algún sentimiento.
En definitiva, una película anémica que logra lo contrario de lo que se propone.






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