Double indemnity (Billy Wilder, 1944)
Walter Neff (Fred McMurray) es un vendedor de seguros que en una visita a la casa de un empresario para intentar que renueve el seguro se encuentra con Phyllis (Barbara Stanwyck), su mujer, que le anuncia que su marido no se encuentra. En esa vista, Phyllis consulta si es posible un seguro de vida para su marido sin que él se entere. De inmediato, Walter sospecha de las intenciones (malas) de Phyllis y se retira ofendido. Sin embargo, atrapado por la mujer, Walter le plantea un seguro con doble indemnización para cobrarlo cuando asesinen al esposo después de arrojarlo de un tren. Lo que no sospecha es la revelación que Lola (Jean Heather), la hijastra de la mujer, le hará sobre el pasado de Phyllis y que su jefe Barton (Edward G. Robinson), no está convencido del accidente del empresario.
Poderoso ejemplo de cine negro, Double Indemnity es una joya del cine a secas que avasalla con un guión perfecto (que incluso disimula la alteración del punto de vista sin que quede mal) donde las situaciones se van complicando de manera interna mientras los personajes no pueden evitar el desenlace. La escalofriante sensación de que todo el tiempo a Walter y Phyllis se les ajusta un poco más la soga al cuello a medida que Barton va deduciendo los hechos y el asesinato.
Pero si el guión -basado en la novela de James M. Cain- es rotundo, Billy Wilder (1906-2002) aprovecha cada plano para crear ese clima de asfixia con los personajes compactados como si no pudieran salirse del cuadro envueltos por una ominosa fotografía en blanco y negro.
Y, finalmente, otro de los pilares de Double Indemnity es Barbara Stanwyck. Su actuación es impresionante. En el momento del asesinato, su mirada va desde la excitación del objetivo cumplido, al descontrol de lo que acaba de suceder. Con sólo esa mirada la película está a niveles mayúsculos.
Una de las grandes películas del género y de la historia del cine.







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