Yume no ginga (Gakuryu Ishii, 1997)




Tomiko (Rena Komine), una guarda de autobús, se enamora de Tatsuo (Tadanobu Asano), un misterioso conductor que se rumorea es un asesino. A medida que crece la relación entre ellos, la pareja comenzará a jugar con la idea de la muerte para validar su amor.






Gakuryu Ishii (1957) construye una película de climas, deudora del estilo de David Lynch (en especial de Lost Highway, 1997), narrada de manera entrecortada y filmada en blanco y negro, Sin embargo, no llega a trasmitir la tensión o extrañeza que desde algunas imágenes se sugiere. Pasados los primeros minutos y una vez acomodados en el tono, la película no avanza y comienza a morderse la cola sin encontrar la manera de romper esa sinergia centrífuga que la lleva a volverse monótona y un tanto amateur.









El final no desentona con esa ausencia de rumbo queriendo sugerir una situación extraña cuando no lo es.


Para acercarse, pero sin muchas expectativas.

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