Multiple Maniacs (John Waters, 1970)



Lady Divine (Divine) es la estrella de un espectáculo escatológico que atrae la perversa atención de los habitantes de zonas urbanas. Aunque escandalizados por cómo se comen vómitos, se besan hombres o se practica sexo oral, ningún espectador abandona la representación. Finalmente, al aparecer Lady Divine, los espectadores son maniatados y robados roba y toda la compañía huye con el botín. Lady Divine está en pareja con Mr. David (David Lochary) -también presentador del show- quien la engaña con Bonnie (Mary Vivian Pearce) una rubia con la que planea reemplazarla en el show. Al enterarse de esto por la delación de la dueña de un bar, Lady Divine entra en cólera y va en búsqueda de ambos para matarlos. Pero la pareja de amantes también tiene intención de matar a Lady Divine y planea emboscarla en la casa donde su hija Cookie (Cookie Mueller) está con el novio. Lady Divine, después de un alucinógeno viaje sexual-religioso gracias a Mink (Mink Stole), regresará a su casa y desatará una vengativa masacre.


John Waters (1946) parece improvisar sobre la marcha pero detrás de las delirantes situaciones y diálogos que sí suenan a improvisación hay una sólida construcción del guión. La relación lésbica de Lady Divine y Mink es un devenir lógico de la primera escena. Mink pertenece a ese grupo de personas "normales" a la que las atrae lo perverso y salirse de las normas. La tensión sexual entre ella y Divine en una película "clásica" sería resuelta de la misma manera, pero sin lo estrafalario. Lo mismo el desenlace: simulado por todo el esperpento del que es capaz Waters, hay una tragedia que deriva en melodrama y luego otra vez en tragedia. 







Incluso se permite un paralelismo con Frankestein (James Whale, 1931). Lady Divine es un monstruo que deambula en una sociedad fascinada por ese monstruo al que adora tanto como repudia y por lo tanto debe eliminarlo para evitar reflexionar sobre esas contradicción.



Múltiple maniacs es irreverente, desenfadada, procaz, sacrílega y aún así también puede verse con los códigos del melodrama negro absolutamente deformados pero visibles.  Es una película contracultural en lo que sólo alcanza ver las imágenes de la pasión de Cristo, y el contexto desde donde se relata, para encontrar el sinónimo mismo de vanguardia.

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