Richard Jewell (Clint Eastwood, 2019)







Richard Jewell (Paul Walter Hauser) siempre quiso ser policía; aunque, más exactamente, un brazo fuerte de la ley. Con notorios problemas de madurez, logra hacerse amigo de Watson (Sam Rockwell), un prometedor abogado mientras realiza tareas de mantenimiento en una oficina. Tras varios trabajos perdidos por su abuso de autoridad, termina como seguridad durante los juegos Olímpicos de Atlanta. Es allí donde descubre una mochila sospechosa que finalmente contendrá una bomba que estallará en medio de un recital. Jewell se convertirá en un héroe (los muertos hubieran sido bastante más si él no se hubiera percatado de la mochila); sin embargo, el FBI comienza a sospechar de  Jewell como cómplice del atentado e intentarán tenderle una trampa para que se autoincrimime.


Así como en Sully (2016), el piloto de avión Sully (Tom Hanks) se enfrentaba a una acusación injusta con calma y seguro de si mismo; Jewell, ayudado por Watson, lleva adelante la misma empresa. Pero en este caso, Clint Eastwood se planta dentro del cine político porque, con sigilo, expone cuestiones tales como la relación entre el poder y los medios, la inseguridad jurídica que amenaza a ciudadanos de clase media, y el sutil y elegante abuso institucional (en este caso del FBI) cuando se trata de mostrar resultados a cualquier precio. 


La película avanza con un ritmo interno sólido, envolviendo en la empatía como en la exasperación a un Richard Jewell un tanto pasivo cuyo estallido tendrá un impacto más profundo que el que suponía su abogado.

A propósito, los comentarios de la secretaría rusa son exquisitos.

Una gran  película (otra más) del gran Clint Eastwood.

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