To vlemma tou Oddysea (Theodoros Angelopoulos, 1995)



Una película de los orígenes del cine griego de los hermanos Matakis es la obsesión que persigue un controvertido director de cine griego, A (Harvey Keitel), que después de un exilio vuelve a su país. Acompañándolo en las distintas etapas de su viaje estará Kali (Maia Morgenstern), una colaboradora de la Filmoteca griega; un taxista (Thanasis Vengos) que llora la desaparición de Grecia; una ama de casa posiblemente viuda por la guerra de los Balcanes y finalmente un veterano cinéfilo (Erland Josephson) que no sólo protege a las películas de las bombas en Sarajevo sino que además tiene los negativos que tanto busca el director.



Theodoros Angelopoulos (1935-2015) exhibe una capacidad innegable para filmar planos secuencias con una elegancia y precisión que asombra. Prácticamente, en To vlemma tou Oddysea  es una exhibición de este recurso que logra la sensación de estar dentro de un globo que no estalla. Pero al entrar en Sarajevo, los planos secuencias dejarán de ser etéreos para ser descriptivos de la devastación de la guerra al mismo tiempo que el director de cine se dará cuenta que su obsesión cinéfila es nada frente a la muerte.



Si bien algunos momentos se ven ridículos (Kali corriendo al lado del tren en marcha mientras el director le cuenta una anécdota) o resueltos un tanto a las apuradas (el recuerdo de la reunión familiar), To vlemma tou Oddysea se sostiene por su indudable valor estético, la belleza de los planos generales (el taxi en medio de la nieve con las montañas de fondo, la anciana abandonada en mitad de una calle que desconoce), por el hipnótico viaje de un Lenin descuartizado, pero más que nada porque trasmite un respeto por la historia de cada pueblo y la necesidad de preservar la memoria a pesar de los fracasos y las persecuciones.


Una de las grandes películas de los '90.

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