Diego Mora (Yves Montand) es un militante de izquierda que cruza la frontera franco-española para repartir folletos y organizar la resistencia contra la Dictadura de Franco. Está en pareja con Marianne (Ingrid Thulin), una devota esposa a quien Diego no duda en serle infiel con Nadine (Genevieve Boujold), la hija de un diplomático que, sin que el diplomático lo sepa, le sirve de pantalla a Diego en sus misiones. El quiebre moral de Diego llegará cuando sus conocidos caigan en manos de la dictadura de Franco y desaparezcan sin dejar rastro.

Más allá de que la película ha perdido actualidad por estar muy fechada con su tema, lo que sobrevive es la puja de estilos que hay entre la puesta en escena de Alain Resnais y el guión de Jorge Semprún.Mientras que Jorge Semprún plantea la película como un thriller -algo que pulirá en las realizaciones con Costa-Gavras como Z (1968) o L' aveu (1970)-, Resnais apela a su estilo fragmentado e introspectivo consolidado con Hiroshima mon amour (1959). Durante los primeros minutos de la película, ambos estilos rinden sus frutos y logran una impecable muestra de ritmo interno y tensión que anticipan las dudas de Diego. Sin embargo, después del encuentro sexual con Nadine, esta sociedad se va resquebrajando y pareciera ser que la historia se divide en dos: la que se desinteresa de la acción y se preocupa de insistir con una puesta en escena difusa, y la que se apega al guión para hacer de Diego casi un antihéroe de cine negro.

El divorcio total se produce con los discursos encendidos y descarnados políticos que Diego le expele a los amigos de su esposa y a los jóvenes revolucionarios que frecuenta Nadine. En esos momentos, se adivina que las intenciones estéticas de Alain Resnais (1922-2014) no iban a estar superditadas a las intenciones políticas de Semprún y el film termina por resquebrajarse en pedazos que no se vuelven a unir.
Con momentos interesantes,
La guerre est finie queda como una lucha de ideas que terminan con anularse mutuamente.
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