The Gold Rush (Charles Chaplin, 1925)



Un buscador solitario (Charles Chaplin) es sorprendido por una fuerte tormenta de nieve y se refugia en la cabaña donde se esconde Black Larsen (Tom Murray), un peligroso delincuente buscado por la policía. También acuciado por la tormenta, busca refugio en la cabaña otro explorador Big Jim McKay (Mack Swain), quien acaba de encontrar un filón de oro antes de que la tormenta de nieve se desatara. Tras varias desgracias, Big Jim McKay se peleará con Black Larsen, quien le dará un palazo a Big Jim para después fugarse. El palazo le hará perder la memoria a Big Jim y no podrá recordar el lugar exacto donde encontró el oro y vagará frustrado intentando recordar. Mientras, El buscador solitario vuelve a la ciudad y se enamora de Georgia (Georgia Hale), una chica con una relación inestable con el matón del lugar Jack (Malcolm Waite). Cuando Georgia nota que el Buscador Solitario siente una atracción por ella, le juega una broma pesada de la que luego se arrepiente. Humillado por la broma, el Buscador Solitario deambulará abatido hasta que lo encuentra a Big Jim McKay que le pedirá que le muestre el camino a la cabaña porque así recordará dónde se encuentra al filón de oro.


Más allá de los extraordinarios gags, lo realmente notable de The Gold Rush es su extraordinaria realización técnica (el ascenso de los buscadores de oro a la montaña -que parece filmado por Einsestein- o la precisión de la secuencia de la cabaña al borde del precipicio); como  los constantes recursos oníricos (el Buscador Solitario convertido en gallina, o el sueño de Año Nuevo); o el uso de la luz (la frustrada cena de año nuevo) o los planos de multitud (las Fiestas en el bar) o el montaje casi musical.




Las virtudes de esta gran película de Charles Chaplin (1889-1977) se disfrutan desde la primera visión, desde ya como historia dramática -que tiene el espíritu de Jack London- y, obviamente, como película cómica pero, por sobretodo, como proeza cinematográfica.

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